Ese extraño vacio que sueles dejar en mi
estomago, y esas ganas de darte un abrazo, hasta el mismísimo punto de
decir “¡basta!”, es como si fueras mi vicio, mi droga, mi café de las
mañanas, y quien sabe, quizás solo seas una mala maña, o por lo que
espero un producto de mi imaginación, estoy segura de saber que no te
importo, pero, ¿Por qué tu si
a mí? Y es
que cada sentimiento depositado, cada lagrima, cada mirada, o cualquier
cosa que susurra tu nombre, termina ahí, guardada, en un triste
documento de Word, como si te hubieras escrito con tinta indeleble. Es
difícil admitir que te extraño, tan difícil, que hasta mis sentimientos
se rehúsan a olvidarte, y es que al mirarte a los ojos, es inevitable no
morirme por darte un abrazo. Bueno, tal vez tú también estés mirando la
misma estrella que yo, pidiéndole que volvamos a estar juntos. Me
despido, no estoy segura de saber si este será el último texto que te
dedique, no prometo nada, pero de todos modos, se que estaré mucho mejor
sin ti. Te Amo.

