Aquel lluvioso domingo, los primeros rayos de sol
despertaron a Charlotte, todavía con las pestañas abrazadas unas a las otras y
el espeso sabor que dejan las horas de sueño, al abrir sus ventanas dejo pasar las
nubes a través de sus pupilas, esparciendo las sonrisas que le robaron los
suspiros, segundos robados al tiempo, esos aquellos al leer sus cartas, y
derramar sentimientos líquidos sobre ellas, los kilómetros no eran suficientes
para exprimir el sentimiento que sobraba. Y eso era ella, era un corazón capaz
de latir tan fuerte, aun separada por los kilómetros que podía regalar una
galaxia entera, enemiga de la distancia, portadora de amor, suspirando al
imaginar que se perdía en sus ojos marrones…Ya eran tantos días amándose a la
distancia.........

