Disculpa si mis lágrimas sollozan las del cielo, pero no soporto ver al pobrecito llorar, disculpa si mi rimer esparcido opaca el aroma de tu primavera, pero esto de extrañar me parece tan duro, tanto que he vuelto a enredar mis piernas en la suavidad de las sabanas de mi cama, te he recibido llorando como a todos los demás meses, siento que esto de escribirte no cambiara nada, pero bueno, en fin, eres más que bienvenido.
Ojala tus mañanas y puestas de sol sean tan bonitas como lo esperamos.
Trátanos bien.

