La encontró en un bar. En esos donde la cerveza es barata
pero el pasto caro. En donde la luz más apacible es la de los sanitarios
faltantes de higiene y sobran olores indescriptibles sin poder jamás
desaparecer. Donde el aire más puro es el de los conductos de aire arriba de
los congeladores en donde comida barata y congelada se encuentra para vender.
En donde la única sonrisa tangible es la de las meseras de falditas más cortas
que un cinturón cuando reciben razonables propinas. En donde la felicidad se
entierra aún más profundo que el océano antes de pasar por ese tablero luminoso
de hace décadas pegado a la puerta de la
entrada. En donde los días son noches y las noches son un mundo oscuro guardado
en los sueños de cada quien. En donde cualquiera que pose desnuda se convierte
en la musa de la semana. En donde el pudor se rebaja al mismo nivel de la gente
y la agresividad sobrevive ante todo el imponente. En donde el amor es aún más
poco que el desperdicio y la paz ajena se estaciona millas atrás. En donde el
cigarro forma las únicas medias lunas visibles durante la eternidad.
Y si, allí estaba ella luchando por encontrar la salida a
ese laberinto sin salida aparente. Y de repente ve la llave de su destino, y se
lanza a sus brazos dispuesta a jamás dejarlo perder.

