Y es que, nunca me gustó escribir especialmente. No tenía talento para eso… ni para nada en general ¿qué me llevó a escribir de todos modos? La necesidad. Aquella necesidad latente como una herida a carne viva de hablar, de contarlo todo, de escupir mis palabras amargas como la hiel y desgarradoras como el veneno. El único problema está en que yo no tenía a nadie, nadie que me ofreciera su hombro en el cual recargarme, nadie que cargara mis penurias para alivianar esa carga sobre mi débil existencia. Nadie. Ni un alma...

