Le conocí siendo una persona con mucha pasión en el cuerpo, con unas ganas de hacer todo impresionante y con un alma tan radiante que la luz se salía de su propio pecho. Parecía que los sentimientos se le agolpaban uno encima de otro y a veces creía que se iba a romper, pero al final resistía, como el hombre de piedra que es. Es tan fuerte que no le importa mostrarse débil delante mío ni apoyarse en mí. Cada cosa que le oigo decir es una obra de arte en sí misma y convierte cualquier pequeñez en una fantasía, cualquier tristeza en una motivación y cualquier comentario tonto en una plan de futuro. Es de esas personas en las que quieres entrar, descubrir todos sus tesoros, abrir todas sus puertas y ver todos sus monstruos.
Y ahora supongo que es todo eso, pero hacia dentro. O donde yo no lo veo. Y me acuerdo de que cuando le conocí le dije que tenía una oscuridad, y cuando lo miro recientemente me doy cuenta de que la oscuridad se ha extendido tanto que se lo va a tragar. Es una persona tormentosa e invernal, un poco lobo solitario, aunque a veces le guste rodearse de alguien más. Es una persona que parece un cuento de Edgar Allan Poe, muy excéntrico y muy enfant terrible, que te muerde la mano si se la acercas pero si le conviene lo que le estás dando, a lo mejor no te la arranca. Y se pasea por la historia como si a cada capítulo se fuese a morir, pero al final en el único que sobrevive. Es una persona rara, y ha puesto muchos muros entre nosotros dos, así que aunque quisiese, no podría decirte más.
